Cuando miro hacia atrás, me entrego a un extraño juego de naipes y mis manos, en sádico brujuleo, van extrayendo del manjar, pedazo por pedazo, a mi corazón. ¿Por qué seré así? Quiero detenerme a un lado del camino, cubrirme con un sayal el rostro y quedar en espera de lo Inevitable.
¿Por qué el masoquismo de la recordación? ¿Por qué ansiar presencia en la ausencia de juventud, de sueños, de horizontes…
lunes, 20 de octubre de 2008
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